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El fantasma de la hiperinflación y la emisión monetaria

Ilustración realizada por el autor del artículo

Existe una idea bastante difundida entre economistas y en redes sociales que afirma que la emisión monetaria produce inflación (subida general de precios) y también, puede producir hiperinflación, como se conoce a la fuerte subida general y descontrolada de precios. Muchos economistas promueven dicha tesis y es difundida hasta en círculos no especializados en la cuestión. En este post se discutirá la idea sobre la hiperinflación causada por la emisión monetaria.

El argumento más difundido establece que, cuando se aumenta la emisión monetaria y este dinero llega al público, la mayor demanda de bienes y servicios, dada una oferta de los mismos, presiona los precios al alza. En otras palabras, mucho dinero comprando pocos bienes provoca subida general de precios. Sin embargo, esto no necesariamente tiene porque ser así. Primero que todo, no siempre mayor emisión significa mayor cantidad de dinero en manos de los hogares que demandan bienes y servicios, pues dada la institucionalidad de las economías modernas, la banca privada puede quedarse con la liquidez sin hacer mayores préstamos a los hogares, por ende, no habría mayor demanda de mercancías y ninguna presión inflacionaria. También se puede dar que, en virtud de la incertidumbre en tiempos de crisis, el dinero se atesore sin que entre en circulación y, por lo tanto, no haya mayor demanda de bienes. Segundo, las empresas al ver crecer la demanda por sus productos bien pueden optar por incrementar las cantidades producidas y evitar el riesgo de subir precios mientras su competencia aumenta cantidades manteniendo los precios relativamente bajos. Entonces, más cantidad de dinero, no siempre conduciría a aumentos de precios, puesto que también podría afectar la producción.

Pero hasta el momento se ha hablado en el corto plazo, es decir, cuando las empresas pueden contratar más trabajadores y producir más cantidades de su producto como respuesta a mayor demanda del mismo. Pero, ¿Qué pasaría en el largo plazo? Los libros de texto ortodoxos indican que cuando todas las empresas emplean el cien por cien de su capacidad instalada, es el momento en el cual los precios subirían. En otras palabras, en el largo plazo mayor cantidad de dinero no influiría en la producción, sino en los precios. No obstante, eso no se ha observado. El capitalismo funciona con sobre capacidad instalada, como lo señala Rolando Astarita (ver aquí). Por tanto ¿Por qué subirían los precios si las empresas mantienen capacidad ociosa que podrían utilizar para aumentar la producción? No obstante, no profundizaré en este tema, puesto que mi interés en este post es la hiperinflación, o subida acelerada del nivel general de precios, como consecuencia de la emisión monetaria. Entiéndase “subida acelerada” como cuando los precios de los bienes, en promedio, crecen a una tasa del 50% al mes (ver aquí un artículo técnico sobre el tema).

El famoso economista liberal, y mediático, Daniel Lacalle, fundamenta la idea de que la emisión monetaria destruye el valor de la moneda a tal punto que da origen a la hiperinflación, mostrando en uno de sus artículos las siguientes series de datos de países que sufrieron hiperinflación: Chile, Zimbabue y Venezuela (ver aquí artículo de Lacalle).

Primero que todo, hay que tener claro que correlación no es igual a causalidad. Además, los gráficos donde se muestra la correlación entre inflación y emisión para los casos de Chile, Zimbabue y Venezuela, evidencian que, en Chile la emisión de dinero se desacelera alrededor de 1973, viene la aceleración de los precios y posteriormente crece la emisión de dinero para alcanzar los precios. Todo esto en medio de inestabilidad política (golpe a Salvador Allende en 1973 con ayuda estadounidense, ver aquí). Aunque puede haber un efecto diferido, en donde las emisión anterior explica la suba de precios futura, esto no es muy claro y la fuerte aceleración de la oferta de dinero vino una vez los precios se dispararon (comparar pendientes de la emisión de dinero de 1972 vs 1973). 

Para el caso de  Zimbabue, antes que en este país se experimentara la hiperinflación en el año 2007, precedieron 10 años de caída sostenida del Producton Interno Bruto per cápita; en 2006 el producto por habitante era el 50% del que fue en 1997 (Maddison, 2018). Los altos niveles de pobreza, colapso del servicio eléctrico, falta de recursos para reponer equipo, y la consecuente inestabilidad social, caracterizaron al país mientras experimentó el proceso hiperinflacionario (ver aquí articulo)

En Venezuela, la inflación se aceleró alrededor del 2013, la pendiente cambió de sentido abruptamente, mientras que el crecimiento del dinero fue sostenido sin presentar sobresaltos hasta un poco antes de comenzar el año 2014, año en el que se acelera la emisión de dinero y la pendiente aumenta, ya habiendo una inflación acelerada. El comportamiento de estas dos variables, inflación y emisión, coinciden con la caída del precio internacional del petróleo en el 2014, lo cual, dada la alta dependencia de Venezuela a las importaciones, el país termina importando inflación; compra todo más caro dado que su moneda se ha devaluado por la caída del precio del producto que más exporta (ver aquí mi paper que evidencia el problema estructural venezolano).

Hay quienes argumentan que, en el caso de este último país, el problema pasa por la inestabilidad política. Por ejemplo, los papers de Curcio (2015, 2016) sustentan que los niveles de escasez concuerdan con eventos electorales y que el crecimiento irregular de la inflación fue inducido. Es decir, nada o muy poco tiene que ver la emisión monetaria en el origen de la hiperinflación venezolana.

 

Las Hiperinflaciones no son usuales

Puede ser que la relación entre emisión monetaria e hiperinflación, o incluso, inflación a secas, no pase por aumentos desproporcionados de demanda agregada por bienes y servicios, sino por expectativas sobre el valor futuro de la moneda, en virtud de problemas institucionales de falta de demanda de la moneda debido a la falta de confianza en un banco central que la emite descontroladamente. El público demandaría mucho más una moneda fuerte (dólares) que la moneda doméstica. Sin embargo, aun aceptando que el aumento de la oferta monetaria trajera consigo automáticamente pérdida de confianza en el valor de la moneda, las hiperinflaciones son cada vez menos comunes (Hanke y Krus, 2012), mientras que los estados siguen con fuertes emisiones monetarias, sobre todo durante la pandemia que inició en 2020. No veo hiperinflaciones brotando alrededor del mundo. El tema pasa por la demanda de dinero, que incrementa cuando hay crisis económicas, y, por tanto, mayor oferta monetaria no implica subida obligada de precios.  En los últimos años Japón ha realizado ingentes emisiones de dinero y no veo a ese país envuelto en una subida general de precios, todo lo contrario, lucha para que los precios dejen de bajar (ver aquí, ver aquí y ver aquí).

Garay (1990) explica que la moneda es una institución social, más que una herramienta empleada como unidad de cuenta, por tanto, la destrucción del valor de la moneda que toma lugar en los procesos hiperinflacionarios, se desprende de la desconfianza e incertidumbre general que crean las crisis sociales e institucionales y de desequilibrios macroeconómicos que van más allá de la mera emisión monetaria.

Dado lo anterior, es más acertado creer que la hiperinflación no es causada por emisión desbordada de dinero por parte de un banco central irresponsable, sino que es el producto de un fuerte colapso del sector real o productivo de la economía, en el cual los estados desesperados se ven  forzados a emitir para mantener la actividad económica (ver aquí un artículo al respecto). Hay casos ilustrativos, el de Alemania en 1922, después de la primera guerra mundial, el caso de la URSS, en ese mismo año, en medio de la crisis política y económica de la revolución Bolchevique, o la que Roca (1996) llama “cuasi hiperinflación” en el caso de Colombia en 1905, y su inestabilidad política y económica, pasada la guerra de los mil días en 1902.

Entonces, ¿Toda inflación es monetaria? ¿La emisión monetaria produce hiperinflación? Una respuesta tajantemente afirmativa a estas preguntas, es muy osada.  Mejor recordar lo que algún día escribiera Fernand Braudel: “Las explicaciones simples, son harto discutibles” (Braudel, 2006).

 

Referencias

Braudel, Fernand. 2006. El Mediterraneo y el Mundo Mediterraneo en la Epoca de Felipe II. Fondo de Cultura Económica. 1 Edición. 

Curcio, P. (2015). Desabastecimiento e Inflación en Venezuela. Pp. 1-43

Curcio, P. (2016). La Mano Visible del Mercado Guerra Económica en Venezuela (2012-2016), Manipulación del Tipo de Cambio e Inflación Inducida. Pp.1-36

Garay, Luis Jorge. El dinero en modelos de equilibrio general sobre la No Neutralidad del Dinero, una Nota Introductoria. Cuadernos de Economia. No. 14, Bogotá, 1990. pp. 7-21

Maddison Project Database, Version 2018. Bdt, Jutta, Robert Inklaar; Herman de Jang and Jan Luiten van Zanden (2018) Luiten van Zanden (2018), 

Steve H. Hanke and Nicholas Krus 2012. World Hyperinflations. CATO, Working paper.

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¿Emitir dinero o cobrar impuestos?

Ilustración realizada por el autor del artículo

En una especie de panel de discusión sobre los problemas de la economía colombiana, el exalcalde de Bucaramanga Rodolfo Hernández, afirmaba que el Estado se encuentra quebrado, que los impuestos no dan para tanto gasto. Por otro lado, haciendo referencia al financiamiento del Estado, la congresista Cecilia López escribe en Las2Orillas: “Si no es con impuestos ¿Cómo?”, y se pregunta “¿será que… el Banco de la República siempre puede poner a funcionar la máquina de hacer billetes y que por esto no necesita cobrar impuestos?”  y continúa afirmando que la alternativa de financiación, vía rendimientos de las empresas públicas, es cercana a cero, en virtud de su privatización.

Hay que hacer unas precisiones sobre el funcionamiento del sistema monetario basado en el dinero fíat, es decir, dinero que solo es emitido por el Estado (Banco de la República).

Por un lado, las afirmaciones del exalcalde Rodolfo Hernández, no son acertadas, y aunque las aseveraciones de la congresista Cecilia López son correctas, al menos en principio, requieren ser matizadas para mayor claridad sobre el asunto fiscal en países cuyos estados son emisores de su propia moneda.

Hay que tener claro que, en sentido estricto, un Estado que emite su propia moneda nunca puede quebrar, siempre tendrá capacidad de comprar toda aquella mercancía que se denomine en su moneda nacional (peso colombiano para este caso). En otras palabras, tiene soberanía monetaria. El Estado no es como un hogar o una empresa privada porque el Estado es emisor (issuer) y usuario de la moneda (user). Es decir, el gobierno no tiene que ahorrar para poder gastar en el futuro. De ahí, pensar que el Estado puede quebrar en su propia moneda, es un error.

En principio, la disciplina fiscal dentro de un sistema donde el Estado es creador de su propia moneda, es una restricción autoimpuesta por un marco institucional que así lo determina (ver aquí un interesante artículo de Forbes sobre el tema). Más adelante, se matiza esta idea.

Todo país basa su riqueza en la producción real (producción de bienes y servicios). El dinero, entonces, es representación del valor de esos bienes y servicios, y es una herramienta surgida de forma natural en el modo de producción capitalista para transar las mercancías en el mercado y hacer posible la creación de capital (Marx,1867). No obstante, se conoce que, en las economías modernas, con Estados que emiten su propia moneda (peso para el caso colombiano), el dinero primero se crea y se pone en manos del público, y luego vienen los impuestos, que recogen la cantidad de dinero circulando en la economía. No es necesario entonces para el gobierno financiarse con impuestos, pues puede emitir su propia moneda, y de tal forma, puede cobrar impuestos que se pagan en la moneda que emitió previamente. Es decir, “el gobierno nunca gasta el dinero del contribuyente”, sino el que él crea a través de su banco central (clic aquí para profundizar en el tema)

Es así que Kelton (2020), influyente economista estadounidense, afirma que en lugar de que el gobierno necesite del dinero de los ciudadanos, son estos últimos quienes necesitan el dinero del estado.

Entonces los impuestos ¿Para qué? Blair Fix lo explica claramente “Los impuestos no financian al Estado… son necesarios para controlar la inflación. Y para distribuir el ingreso y la riqueza, y por otras razones sociales. Pero no para financiar el gasto”. Desde la economía ortodoxa, se reconoce a los impuestos como instrumentos del Estado para desestimular actividades con externalidades negativas (ejemplo: polución, consumo de cigarrillos, alcohol…). Además de distribución de la riqueza con fines de mejorar la equidad dentro de la sociedad (cobrar más impuestos a los que más tienen). Pero desde otras posturas, como la llamada Teoría Monetaria Moderna (TMM), los impuestos tienen el propósito de crear demanda por la moneda fíat y recoger el dinero de la economía para reducir posibles presiones inflacionarias, manteniendo de esta forma la estabilidad de su moneda. Es decir, el gobierno no necesita pedir prestado a nadie, como sí lo necesitó hacer en tiempos del patrón oro, cuando el dinero era escaso.

Kelton (2020) añade un punto interesante. De no cobrar impuestos, el Estado podría encontrar bastante difícil hallar trabajadores dispuestos a prestarle servicios a cambio del dinero emitido. Es decir, la necesidad de dinero estatal creada por los impuestos, soportan la capacidad del Estado de comandar el trabajo necesario para cumplir sus funciones (todos los servicios que el estado provee para cumplir derechos).

Ahora bien, en las economías capitalistas, la sobrecapacidad productiva es una constante. En Colombia la utilización de la Capacidad Instalada (UCI) ha girado en torno al 80% y en otros países es mucho menor, como es el caso de Venezuela y Argentina (ver aquí). Entonces, aumentos de demanda vía emisión monetaria o gasto público, suponiendo la inexistencia de cuellos de botella, no provocarían inflación. Es decir, existe margen para aumentar el empleo. De ahí, decir que mayor emisión monetaria crea inflación, per se y de forma automática, es un error.

Sin embargo, hay límites en la creación de dinero. Un límite lo imponen los recursos ociosos disponibles, donde más allá de su empleo, aumentos de demanda crean inflación (esto lo reconocen los de la MMT). Pero también, si el gasto público se efectúa con emisión inorgánica, la confianza en la moneda se perdería y se reduciría su demanda, provocando la depreciación de dicha moneda frente a las monedas extranjeras, y la inflación no tardaría en aparecer vía importación y pérdida del poder adquisitivo del dinero (Boundi, 2018). Sobre todo, en países en vías de desarrollo y con alta dependencia de importaciones. El aparato productivo de Colombia, como el de todo país periférico, requiere de la importación de mercancías que no produce, y esos bienes solo se compran en moneda extranjera (divisas, léase: dólares), de la cual el Estado y las personas fronteras adentro son usuarios, mas no emisores. Es ahí donde la soberanía monetaria tiene límites.

En este sentido, el economista africano Ndongo Samba Sylla señala que, dada la poca demanda externa por la moneda nacional de los países periféricos, y que forzosamente se ven obligados a endeudarse en monedas extranjeras fuertes, no gozan de la soberanía monetaria o de la libertad de emisión que gozan los países desarrollados para solventar sus problemas económicos (ver aquí). Es lo que se conoce como, “pecado original”, en donde los países periféricos se ven obligados a pagar su deuda externa en moneda extranjera (Krugman y Onsfeld, 2006). En este sentido, para Aboobaker y Ugurlu (2020) en los países periféricos la disciplina fiscal no es autoimpuesta, estos países, como Colombia, encuentran grandes restricciones en su soberanía monetaria, toda vez que las monedas nacionales presentan un orden jerárquico global donde las monedas emitidas en países en vías de desarrollo están muy por debajo de las principales divisas: dólar americano, libra esterlina inglesa, el Euro y el Yen japonés.

Otro punto a tener en cuenta, es que la debilidad estructural de las monedas de los países periféricos, posibilita el surgimiento de la inflación antes de alcanzar el pleno empleo o utilización total de la capacidad instalada vía encarecimiento de las importaciones (Thirwall, 2011).

En suma, en sentido estricto los impuestos no financian el gasto del gobierno central, sin embargo, estos se cobran para darle estabilidad al valor de la moneda nacional. Por otro lado, la emisión monetaria no crea inflación per sé, esto depende de las condiciones específicas en las que se encuentre el país. Sin embargo, esto no quiere decir que países en vías de desarrollo, como Colombia, puedan emitir sin límites para financiarse.

Referencias

Aboobaker, Adam. y Nur Ugurlu, Esra (2020). Weaknesses of MMT as a Guide to Development Policy. University of Massachusetts Amherst

Boundi, Fahd (2018). Valor y dinero en Marx. En: Revista de Economía Institucional, vol. 20, n.°38, primer semestre, p. 97-127.

Cecilia López. Si no es con impuestos ¿Como? https://www.las2orillas.co/si-no-es-con-impuestos-como/

Kelton, Stephanie (2020). The Deficit Myth: Modern Monetary Theory and How to Build a Better Economy. John Murray: London.

Krugman, Paul. y Onsfeld, Maurice (2006). Economía Internacional, Teoría y Política. Pearseon: Madrid.

Marx, Carlos (1867 )Marx, Carlos (1867). El capital: crítica de la economía política (vol. I). Ciudad de México, México: Fondo de Cultura Económica, 769 p.

Ndongo Samba Sylla. Modern Monetary Theory in the Periphery  https://www.rosalux.de/en/news/id/41764/modern-monetary-theory-in-the-periphery

Thirlwall, Anthony. 2011. Balance of Payments Constraints Growth Models: history and overview. PSL Quarterly Review, vol. 64 n. 259 (2011), 307-351

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