Categorías
Sin categoría

Sobre la propuesta de emisión monetaria de Gustavo Petro

Ilustración realizada por el autor del artículo

En el presente post se analiza la propuesta del Congresista colombiano Gustavo Petro quien, en el marco de la pandemia, propuso que el Banco de la República emita dinero y le otorgue un préstamo directo al Gobierno Nacional en el marco de la crisis económica del país.

 

Banco de la República y sus medidas

El Banco de la República ha procedido con medidas agresivas para inyectar liquidez a la economía (ver aquí). Pero esto ha sido a través del sector financiero, sin préstamos directos al gobierno para que éste realice gasto público y reactive la economía real. Lo que ha hecho el banco central se limita a bajar tasas de interés y comprar títulos de deuda en manos de agentes privados. Se puede uno preguntar ¿Qué tan efectiva es la reducción de tasas de interés cuando la incertidumbre es generalizada y nadie pide crédito? ¿Qué tan efectivo es darle dinero a quienes tienen títulos de deuda pública y privada? ¿Irán estos a emplear el dinero en inversiones en el sector real para generar empleo? Es poco probable que quienes están acostumbrados a adquirir rentabilidad comprando activos financieros, salgan el día de mañana en medio de una pandemia a invertir en el sector real.

Es importante entender cómo funciona el sector bancario en Colombia. Una parte del dinero que es captado por la banca privada, se tiene que destinar como depósito en el Banco de la República (lo que se conoce como encaje) a cero intereses (no ganan nada depositando ese dinero allí). Sin embargo, dada la crisis de la pandemia, el Banco Central tomó la medida de reducir el encaje, liberando 9,4 billones de pesos a la banca privada, como medida para inyectar liquidez al sistema financiero. Posteriormente el Gobierno central decretó que dichos recursos, una vez en manos de la banca privada, le fuesen prestados para efectuar gasto público. Esto quiere decir que, mientras que la banca privada obtuvo utilidades de los recursos liberados por el banco central, el gobierno nacional obtuvo obligaciones representadas en los 600.000 millones anuales que tendrá que pagar en intereses. Escribo las preguntas que cualquier persona podría hacerse ¿Por qué el Gobierno Nacional no solicitó el crédito directamente con su banco central? ¿Por qué la banca privada debe obtener utilidades de la nada mientras el aparato productivo del país colapsa? (ver aquí artículo de Mauricio Cabrera que reflexiona sobre el asunto).

De acuerdo a la institucionalidad colombiana, el gobierno se financia con impuestos y con préstamos a través de los mercados de capital (emisión de bonos) a una tasa de interés en función del riesgo percibido por los prestamistas. Sólo en una situación extraordinaria el Banco Central puede financiar al gobierno, pero es necesaria la aprobación de todos los miembros de su junta.

Tomando como ejemplo las prácticas de los países avanzados y de las ultimas experiencias de los países de la región, el Banco de la República ha establecido una ley de oro que radica en que la política monetaria sólo debe estar en función de los objetivos de dicha política; meta de inflación, crecimiento económico y estabilidad financiera, no en función de los objetivos de la política fiscal, que concierne al gobierno central. Dicho de otra forma, la política monetaria no está para financiar al gobierno nacional cada vez que este se excede en sus gastos. En este sentido, las medidas del Banco de la República, todas, radican en mantener la credibilidad de la su política monetaria y preservar la confianza de los inversionistas financieros y cuidar el acceso del país al financiamiento.

El Banco de la República argumenta que si los gastos del gobierno se cubren con emisión, “podría generarse una grave dependencia de la política monetaria en la política fiscal, lo que eventualmente conduce a procesos inflacionarios o a crisis macroeconómicas cuyos costos típicamente son pagados por las personas más vulnerables de la sociedad” (ver aquí).

 

La propuesta de emitir dinero para prestarlo al Gobierno Nacional

Dado lo anterior y en el marco de la pandemia, el Congresista Gustavo Petro propone la emisión de dinero a través del crédito del Banco de la Republica al gobierno central para brindar liquidez a los hogares y a las pequeñas y medianas empresas de forma directa (ver aquí). Ahora bien, como respuesta a su propuesta, no demoraron los halcones en hablar de la posibilidad de inflación.

No obstante, Petro no planteó financiar al gobierno de forma permanente con emisión monetaria, lo cual sí constituiría un peligro para la estabilidad monetaria del país al afectar la credibilidad del Banco de la República. El candidato de la Colombia Humana señaló de forma explícita que la emisión sería algunos meses del año 2021, conforme a las necesidades y a las oleadas del coronavirus. Esto, con el fin de no dejar quebrar el aparato productivo del país y tener capacidad productiva una vez reiniciaran las actividades.

Todo parece que el Banco de la República quiere mantener su férrea reputación de banco ortodoxo que no flexibiliza su política, incluso en medio de una crisis mundial y la mayor crisis económica del país con una caída del -6.8% de la producción total en el 2020. Pero ¿A qué costo? El Departamento Administrativo Nacional de Estadística (DANE) informa que 2,4 millones de hogares colombianos dejaron de consumir 3 comidas diarias (ver aquí). La destrucción de empleo fue brutal y el desempleo alcanzó el 20,2% en Julio del año 2020 (ver aquí). El empleo es el vehículo por medio del cual la población adquiere ingreso y progresa, sin él, se estanca.

Hay que tener en cuenta que esta propuesta se dio en el marco de la pandemia que ha causado una crisis a nivel mundial y, por ende, una mayor demanda de dinero, de ahí, que la inflación haya caído al inicio de la pandemia (ver aquí estadísticas). Se trata de una medida heterodoxa en una situación anormal, y como lo dijo Petro, teniendo en cuenta la negativa de echar para atrás la reforma tributaria que creó exenciones tributarias a los más ricos y que desfinanció al Estado en el 2019 (80 billones de pesos anuales se pierden por estas extensiones ver aquí ).

 

La reacción  

Los argumentos en contra de la emisión de dinero para financiar al gobierno son varios; el deterioro institucional, salida de capitales, devaluación de la moneda, perdida de grado de inversión, y cuando no, la famosa inflación, que reduce el poder adquisitivo de los más vulnerables (ver aquí). Incluso el economista liberal Daniel Lacalle no perdió oportunidad en hablar de la inflación Argentina al referirse a la propuesta de Petro (ver acá tweet). Cabe señalar que mucho de esto, ya lo consiguió Colombia sin préstamo directo al gobierno nacional y con un aparato productivo resquebrajado y con mayor nivel de deuda (ver aquí). El peor de los mundos.

Del argumento de inflación por aumento de demanda agregada, se puede decir que carece de evidencia empírica que lo respalde ¿Cómo puede haber presiones inflacionarias vía demanda agregada por emisión o subsidios cuando la población atesora? La falta de consumo se explica por una alta incertidumbre que impide que las personas salgan a gastar y prefieran tener liquidez para cualquier eventualidad. Esto se conoce como la “paradoja de la frugalidad”; cuando todo el mundo ahorra se deja de gastar y caen las ventas y se pierde empleo. Por ejemplo, bien se puede dar que en medio de una crisis mayores subsidios monetarios por parte del gobierno no generen presiones inflacionarias al no impulsar el gasto (demanda de distintos bienes y servicios). Esto pasó con el subsidio de 1200 dólares que Trump otorgó a las familias estadounidenses como estímulo para la reactivación económica. Resultó que la gran mayoría de personas que recibieron el subsidio lo ahorraron o lo usaron para pagar deudas. Solo el 29% lo gastó en consumo. La posibilidad de ahorrar un segundo subsidió aumentó al 50% (ver aquí)

¿Qué otra objeción hay contra la propuesta del préstamo directo? De acuerdo al exministro de Hacienda, Juan Carlos Echeverry,  “Si usted le da la plata a la gente y la gente la usa para comprar dólares en lugar de para comprar cosas para vivir, bienes y servicios, pues la plata no se usa donde es y se va a la devaluación” (ver aquí). Si el subsidio es recibido por familias de bajos recursos y las pymes ¿Uno podría esperar que esas personas salgan corriendo a comprar dólares? ¿Cuántos dólares compraría una persona cabeza de hogar con los pequeños subsidios en pesos del programa de Protección al Empleo Formal (40% del salario mínimo por trabajador), junto al Ingreso Solidario (240.000 para tres meses) y ampliación de los montos de familias en acción (160.000)? Otra pregunta ¿En Colombia el hogar típico tiene la cultura de comprar dólares? Precisamente la propuesta de Petro radicaba en subsidiar a los hogares de baja renta relativa, no a bancos y a multinacionales.

Una observación mucho más realista vino por parte del analista Aurelio Suarez, quien señala que en una economía abierta mayor gasto público puede derivar en mayores importaciones; personas compran productos importados en lugar de productos nacionales. Es un fenómeno que se encuentra en la literatura económica (Ilzetzki y Mendoza, 2011). Para Suarez, la emisión sí puede realizarse, pero junto a otras medidas que impulsen el mercado interno. Sin embargo, efectivamente la propuesta de Petro venía acompañada de algunas restricciones a las importaciones, bien a señalado su interés de imponer “tasa carbón” a bienes extranjeros (ver aquí).

En lugar de la emisión, algunos abogan por un endeudamiento externo con el Fondo Monetario Internacional (FMI), como propone el ex ministro Echeverry y como ya se solicitó por el entonces Ministro de Hacienda Alberto Carrasquilla. Aunque un préstamo en moneda extranjera ayuda a solucionar problemas de falta de divisas, ya sea para importar o para mantener la estabilidad en el valor de la moneda doméstica (aunque esto último no siempre ha sido así, ejemplo: Argentina), esto implica una deuda en moneda extranjera, y aquí, el Estado no puede emitir y pierde margen de maniobra, pues solo puede saldar la deuda adquiriendo divisas (dólares) a través de exportaciones o con más deuda. Es un problema que enfrenta todo país periférico (Aboobaker y Ugurlu, 2020), como lo es Colombia (ver post donde profundizo en el tema).

Por otro lado, la deuda de los países puede impulsar el crecimiento económico, de tal forma, dicha deuda se reduciría con respecto al ingreso anual del país, haciéndola sostenible. Esto es algo que explica muy claramente Krugman (2012) (ver aquí pequeño artículo que también indaga sobre el tema).

Los problemas de países perifericos como Colombia no se solucionan «imprimiendo» dinero, eso es algo que ha reconocido Gustavo Petro infinidad de veces. Sin embargo, es un instrumento de corto plazo del que el Estado puede disponer para evitar sufrimiento de los más vulnerables. Como lo dijera J. S. Milli: «la gente de un país no debe ser considerada riqueza porque la riqueza existe solo para el bien de la gente» (Schultz, 1961, p.2).

 

Referencias

Aboobaker, Adam. Ugurlu, Esra Nur (2020). Weaknesses of MMT as a Guide to Development Policy

Ilzetzki, Ethan. y Mendoza, Enrique. (2011). How Big (Small?) are Fiscal Multipliers?

Krugman, Paul (2012) End this depression now. The United States: W. W. Norton & Company.

Schultz, Theodore (1961). Investment in Human Capital. The American Economic Review, Vol. 51, No. 1

VISITAS: 311

Categorías
Sin categoría

El fantasma de la hiperinflación y la emisión monetaria

Ilustración realizada por el autor del artículo

Existe una idea bastante difundida entre economistas y en redes sociales que afirma que la emisión monetaria produce inflación (subida general de precios) y también, puede producir hiperinflación, como se conoce a la fuerte subida general y descontrolada de precios. Muchos economistas promueven dicha tesis y es difundida hasta en círculos no especializados en la cuestión. En este post se discutirá la idea sobre la hiperinflación causada por la emisión monetaria.

El argumento más difundido establece que, cuando se aumenta la emisión monetaria y este dinero llega al público, la mayor demanda de bienes y servicios, dada una oferta de los mismos, presiona los precios al alza. En otras palabras, mucho dinero comprando pocos bienes provoca subida general de precios. Sin embargo, esto no necesariamente tiene porque ser así. Primero que todo, no siempre mayor emisión significa mayor cantidad de dinero en manos de los hogares que demandan bienes y servicios, pues dada la institucionalidad de las economías modernas, la banca privada puede quedarse con la liquidez sin hacer mayores préstamos a los hogares, por ende, no habría mayor demanda de mercancías y ninguna presión inflacionaria. También se puede dar que, en virtud de la incertidumbre en tiempos de crisis, el dinero se atesore sin que entre en circulación y, por lo tanto, no haya mayor demanda de bienes. Segundo, las empresas al ver crecer la demanda por sus productos bien pueden optar por incrementar las cantidades producidas y evitar el riesgo de subir precios mientras su competencia aumenta cantidades manteniendo los precios relativamente bajos. Entonces, más cantidad de dinero, no siempre conduciría a aumentos de precios, puesto que también podría afectar la producción.

Pero hasta el momento se ha hablado en el corto plazo, es decir, cuando las empresas pueden contratar más trabajadores y producir más cantidades de su producto como respuesta a mayor demanda del mismo. Pero, ¿Qué pasaría en el largo plazo? Los libros de texto ortodoxos indican que cuando todas las empresas emplean el cien por cien de su capacidad instalada, es el momento en el cual los precios subirían. En otras palabras, en el largo plazo mayor cantidad de dinero no influiría en la producción, sino en los precios. No obstante, eso no se ha observado. El capitalismo funciona con sobre capacidad instalada, como lo señala Rolando Astarita (ver aquí). Por tanto ¿Por qué subirían los precios si las empresas mantienen capacidad ociosa que podrían utilizar para aumentar la producción? No obstante, no profundizaré en este tema, puesto que mi interés en este post es la hiperinflación, o subida acelerada del nivel general de precios, como consecuencia de la emisión monetaria. Entiéndase “subida acelerada” como cuando los precios de los bienes, en promedio, crecen a una tasa del 50% al mes (ver aquí un artículo técnico sobre el tema).

El famoso economista liberal, y mediático, Daniel Lacalle, fundamenta la idea de que la emisión monetaria destruye el valor de la moneda a tal punto que da origen a la hiperinflación, mostrando en uno de sus artículos las siguientes series de datos de países que sufrieron hiperinflación: Chile, Zimbabue y Venezuela (ver aquí artículo de Lacalle).

Primero que todo, hay que tener claro que correlación no es igual a causalidad. Además, los gráficos donde se muestra la correlación entre inflación y emisión para los casos de Chile, Zimbabue y Venezuela, evidencian que, en Chile la emisión de dinero se desacelera alrededor de 1973, viene la aceleración de los precios y posteriormente crece la emisión de dinero para alcanzar los precios. Todo esto en medio de inestabilidad política (golpe a Salvador Allende en 1973 con ayuda estadounidense, ver aquí). Aunque puede haber un efecto diferido, en donde las emisión anterior explica la suba de precios futura, esto no es muy claro y la fuerte aceleración de la oferta de dinero vino una vez los precios se dispararon (comparar pendientes de la emisión de dinero de 1972 vs 1973). 

Para el caso de  Zimbabue, antes que en este país se experimentara la hiperinflación en el año 2007, precedieron 10 años de caída sostenida del Producton Interno Bruto per cápita; en 2006 el producto por habitante era el 50% del que fue en 1997 (Maddison, 2018). Los altos niveles de pobreza, colapso del servicio eléctrico, falta de recursos para reponer equipo, y la consecuente inestabilidad social, caracterizaron al país mientras experimentó el proceso hiperinflacionario (ver aquí articulo)

En Venezuela, la inflación se aceleró alrededor del 2013, la pendiente cambió de sentido abruptamente, mientras que el crecimiento del dinero fue sostenido sin presentar sobresaltos hasta un poco antes de comenzar el año 2014, año en el que se acelera la emisión de dinero y la pendiente aumenta, ya habiendo una inflación acelerada. El comportamiento de estas dos variables, inflación y emisión, coinciden con la caída del precio internacional del petróleo en el 2014, lo cual, dada la alta dependencia de Venezuela a las importaciones, el país termina importando inflación; compra todo más caro dado que su moneda se ha devaluado por la caída del precio del producto que más exporta (ver aquí mi paper que evidencia el problema estructural venezolano).

Hay quienes argumentan que, en el caso de este último país, el problema pasa por la inestabilidad política. Por ejemplo, los papers de Curcio (2015, 2016) sustentan que los niveles de escasez concuerdan con eventos electorales y que el crecimiento irregular de la inflación fue inducido. Es decir, nada o muy poco tiene que ver la emisión monetaria en el origen de la hiperinflación venezolana.

 

Las Hiperinflaciones no son usuales

Puede ser que la relación entre emisión monetaria e hiperinflación, o incluso, inflación a secas, no pase por aumentos desproporcionados de demanda agregada por bienes y servicios, sino por expectativas sobre el valor futuro de la moneda, en virtud de problemas institucionales de falta de demanda de la moneda debido a la falta de confianza en un banco central que la emite descontroladamente. El público demandaría mucho más una moneda fuerte (dólares) que la moneda doméstica. Sin embargo, aun aceptando que el aumento de la oferta monetaria trajera consigo automáticamente pérdida de confianza en el valor de la moneda, las hiperinflaciones son cada vez menos comunes (Hanke y Krus, 2012), mientras que los estados siguen con fuertes emisiones monetarias, sobre todo durante la pandemia que inició en 2020. No veo hiperinflaciones brotando alrededor del mundo. El tema pasa por la demanda de dinero, que incrementa cuando hay crisis económicas, y, por tanto, mayor oferta monetaria no implica subida obligada de precios.  En los últimos años Japón ha realizado ingentes emisiones de dinero y no veo a ese país envuelto en una subida general de precios, todo lo contrario, lucha para que los precios dejen de bajar (ver aquí, ver aquí y ver aquí).

Garay (1990) explica que la moneda es una institución social, más que una herramienta empleada como unidad de cuenta, por tanto, la destrucción del valor de la moneda que toma lugar en los procesos hiperinflacionarios, se desprende de la desconfianza e incertidumbre general que crean las crisis sociales e institucionales y de desequilibrios macroeconómicos que van más allá de la mera emisión monetaria.

Dado lo anterior, es más acertado creer que la hiperinflación no es causada por emisión desbordada de dinero por parte de un banco central irresponsable, sino que es el producto de un fuerte colapso del sector real o productivo de la economía, en el cual los estados desesperados se ven  forzados a emitir para mantener la actividad económica (ver aquí un artículo al respecto). Hay casos ilustrativos, el de Alemania en 1922, después de la primera guerra mundial, el caso de la URSS, en ese mismo año, en medio de la crisis política y económica de la revolución Bolchevique, o la que Roca (1996) llama “cuasi hiperinflación” en el caso de Colombia en 1905, y su inestabilidad política y económica, pasada la guerra de los mil días en 1902.

Entonces, ¿Toda inflación es monetaria? ¿La emisión monetaria produce hiperinflación? Una respuesta tajantemente afirmativa a estas preguntas, es muy osada.  Mejor recordar lo que algún día escribiera Fernand Braudel: “Las explicaciones simples, son harto discutibles” (Braudel, 2006).

 

Referencias

Braudel, Fernand. 2006. El Mediterraneo y el Mundo Mediterraneo en la Epoca de Felipe II. Fondo de Cultura Económica. 1 Edición. 

Curcio, P. (2015). Desabastecimiento e Inflación en Venezuela. Pp. 1-43

Curcio, P. (2016). La Mano Visible del Mercado Guerra Económica en Venezuela (2012-2016), Manipulación del Tipo de Cambio e Inflación Inducida. Pp.1-36

Garay, Luis Jorge. El dinero en modelos de equilibrio general sobre la No Neutralidad del Dinero, una Nota Introductoria. Cuadernos de Economia. No. 14, Bogotá, 1990. pp. 7-21

Maddison Project Database, Version 2018. Bdt, Jutta, Robert Inklaar; Herman de Jang and Jan Luiten van Zanden (2018) Luiten van Zanden (2018), 

Steve H. Hanke and Nicholas Krus 2012. World Hyperinflations. CATO, Working paper.

VISITAS: 311

Categorías
Sin categoría

¿Emitir dinero o cobrar impuestos?

Ilustración realizada por el autor del artículo

En una especie de panel de discusión sobre los problemas de la economía colombiana, el exalcalde de Bucaramanga Rodolfo Hernández, afirmaba que el Estado se encuentra quebrado, que los impuestos no dan para tanto gasto. Por otro lado, haciendo referencia al financiamiento del Estado, la congresista Cecilia López escribe en Las2Orillas: “Si no es con impuestos ¿Cómo?”, y se pregunta “¿será que… el Banco de la República siempre puede poner a funcionar la máquina de hacer billetes y que por esto no necesita cobrar impuestos?”  y continúa afirmando que la alternativa de financiación, vía rendimientos de las empresas públicas, es cercana a cero, en virtud de su privatización.

Hay que hacer unas precisiones sobre el funcionamiento del sistema monetario basado en el dinero fíat, es decir, dinero que solo es emitido por el Estado (Banco de la República).

Por un lado, las afirmaciones del exalcalde Rodolfo Hernández, no son acertadas, y aunque las aseveraciones de la congresista Cecilia López son correctas, al menos en principio, requieren ser matizadas para mayor claridad sobre el asunto fiscal en países cuyos estados son emisores de su propia moneda.

Hay que tener claro que, en sentido estricto, un Estado que emite su propia moneda nunca puede quebrar, siempre tendrá capacidad de comprar toda aquella mercancía que se denomine en su moneda nacional (peso colombiano para este caso). En otras palabras, tiene soberanía monetaria. El Estado no es como un hogar o una empresa privada porque el Estado es emisor (issuer) y usuario de la moneda (user). Es decir, el gobierno no tiene que ahorrar para poder gastar en el futuro. De ahí, pensar que el Estado puede quebrar en su propia moneda, es un error.

En principio, la disciplina fiscal dentro de un sistema donde el Estado es creador de su propia moneda, es una restricción autoimpuesta por un marco institucional que así lo determina (ver aquí un interesante artículo de Forbes sobre el tema). Más adelante, se matiza esta idea.

Todo país basa su riqueza en la producción real (producción de bienes y servicios). El dinero, entonces, es representación del valor de esos bienes y servicios, y es una herramienta surgida de forma natural en el modo de producción capitalista para transar las mercancías en el mercado y hacer posible la creación de capital (Marx,1867). No obstante, se conoce que, en las economías modernas, con Estados que emiten su propia moneda (peso para el caso colombiano), el dinero primero se crea y se pone en manos del público, y luego vienen los impuestos, que recogen la cantidad de dinero circulando en la economía. No es necesario entonces para el gobierno financiarse con impuestos, pues puede emitir su propia moneda, y de tal forma, puede cobrar impuestos que se pagan en la moneda que emitió previamente. Es decir, “el gobierno nunca gasta el dinero del contribuyente”, sino el que él crea a través de su banco central (clic aquí para profundizar en el tema)

Es así que Kelton (2020), influyente economista estadounidense, afirma que en lugar de que el gobierno necesite del dinero de los ciudadanos, son estos últimos quienes necesitan el dinero del estado.

Entonces los impuestos ¿Para qué? Blair Fix lo explica claramente “Los impuestos no financian al Estado… son necesarios para controlar la inflación. Y para distribuir el ingreso y la riqueza, y por otras razones sociales. Pero no para financiar el gasto”. Desde la economía ortodoxa, se reconoce a los impuestos como instrumentos del Estado para desestimular actividades con externalidades negativas (ejemplo: polución, consumo de cigarrillos, alcohol…). Además de distribución de la riqueza con fines de mejorar la equidad dentro de la sociedad (cobrar más impuestos a los que más tienen). Pero desde otras posturas, como la llamada Teoría Monetaria Moderna (TMM), los impuestos tienen el propósito de crear demanda por la moneda fíat y recoger el dinero de la economía para reducir posibles presiones inflacionarias, manteniendo de esta forma la estabilidad de su moneda. Es decir, el gobierno no necesita pedir prestado a nadie, como sí lo necesitó hacer en tiempos del patrón oro, cuando el dinero era escaso.

Kelton (2020) añade un punto interesante. De no cobrar impuestos, el Estado podría encontrar bastante difícil hallar trabajadores dispuestos a prestarle servicios a cambio del dinero emitido. Es decir, la necesidad de dinero estatal creada por los impuestos, soportan la capacidad del Estado de comandar el trabajo necesario para cumplir sus funciones (todos los servicios que el estado provee para cumplir derechos).

Ahora bien, en las economías capitalistas, la sobrecapacidad productiva es una constante. En Colombia la utilización de la Capacidad Instalada (UCI) ha girado en torno al 80% y en otros países es mucho menor, como es el caso de Venezuela y Argentina (ver aquí). Entonces, aumentos de demanda vía emisión monetaria o gasto público, suponiendo la inexistencia de cuellos de botella, no provocarían inflación. Es decir, existe margen para aumentar el empleo. De ahí, decir que mayor emisión monetaria crea inflación, per se y de forma automática, es un error.

Sin embargo, hay límites en la creación de dinero. Un límite lo imponen los recursos ociosos disponibles, donde más allá de su empleo, aumentos de demanda crean inflación (esto lo reconocen los de la MMT). Pero también, si el gasto público se efectúa con emisión inorgánica, la confianza en la moneda se perdería y se reduciría su demanda, provocando la depreciación de dicha moneda frente a las monedas extranjeras, y la inflación no tardaría en aparecer vía importación y pérdida del poder adquisitivo del dinero (Boundi, 2018). Sobre todo, en países en vías de desarrollo y con alta dependencia de importaciones. El aparato productivo de Colombia, como el de todo país periférico, requiere de la importación de mercancías que no produce, y esos bienes solo se compran en moneda extranjera (divisas, léase: dólares), de la cual el Estado y las personas fronteras adentro son usuarios, mas no emisores. Es ahí donde la soberanía monetaria tiene límites.

En este sentido, el economista africano Ndongo Samba Sylla señala que, dada la poca demanda externa por la moneda nacional de los países periféricos, y que forzosamente se ven obligados a endeudarse en monedas extranjeras fuertes, no gozan de la soberanía monetaria o de la libertad de emisión que gozan los países desarrollados para solventar sus problemas económicos (ver aquí). Es lo que se conoce como, “pecado original”, en donde los países periféricos se ven obligados a pagar su deuda externa en moneda extranjera (Krugman y Onsfeld, 2006). En este sentido, para Aboobaker y Ugurlu (2020) en los países periféricos la disciplina fiscal no es autoimpuesta, estos países, como Colombia, encuentran grandes restricciones en su soberanía monetaria, toda vez que las monedas nacionales presentan un orden jerárquico global donde las monedas emitidas en países en vías de desarrollo están muy por debajo de las principales divisas: dólar americano, libra esterlina inglesa, el Euro y el Yen japonés.

Otro punto a tener en cuenta, es que la debilidad estructural de las monedas de los países periféricos, posibilita el surgimiento de la inflación antes de alcanzar el pleno empleo o utilización total de la capacidad instalada vía encarecimiento de las importaciones (Thirwall, 2011).

En suma, en sentido estricto los impuestos no financian el gasto del gobierno central, sin embargo, estos se cobran para darle estabilidad al valor de la moneda nacional. Por otro lado, la emisión monetaria no crea inflación per sé, esto depende de las condiciones específicas en las que se encuentre el país. Sin embargo, esto no quiere decir que países en vías de desarrollo, como Colombia, puedan emitir sin límites para financiarse.

Referencias

Aboobaker, Adam. y Nur Ugurlu, Esra (2020). Weaknesses of MMT as a Guide to Development Policy. University of Massachusetts Amherst

Boundi, Fahd (2018). Valor y dinero en Marx. En: Revista de Economía Institucional, vol. 20, n.°38, primer semestre, p. 97-127.

Cecilia López. Si no es con impuestos ¿Como? https://www.las2orillas.co/si-no-es-con-impuestos-como/

Kelton, Stephanie (2020). The Deficit Myth: Modern Monetary Theory and How to Build a Better Economy. John Murray: London.

Krugman, Paul. y Onsfeld, Maurice (2006). Economía Internacional, Teoría y Política. Pearseon: Madrid.

Marx, Carlos (1867 )Marx, Carlos (1867). El capital: crítica de la economía política (vol. I). Ciudad de México, México: Fondo de Cultura Económica, 769 p.

Ndongo Samba Sylla. Modern Monetary Theory in the Periphery  https://www.rosalux.de/en/news/id/41764/modern-monetary-theory-in-the-periphery

Thirlwall, Anthony. 2011. Balance of Payments Constraints Growth Models: history and overview. PSL Quarterly Review, vol. 64 n. 259 (2011), 307-351

Visitas: 311