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El modelo chino y la manufactura de su desarrollo

Ilustración realizada por el autor del artículo

China se ha convertido en una economía enigmática. Su apabullante crecimiento económico sostenido en el tiempo, sumado a su gran tamaño, ha llevado al país a constituirse en un poderoso polo económico que hace contrapeso a las demás naciones industrializadas.

Si bien China se ha apoyado en salarios bajos, como históricamente lo hicieron los países pobres que buscaron acumular capital, su modelo económico ha mostrado con creces ser exitoso: sus aceleradas tasas de crecimiento se han registrado junto a un sustancial cambio tecnológico. Todo esto ha permitido una fuerte reducción de la pobreza (Lin, Fang y Li, 1998) con incremento real de los salarios, algo de lo que hablase Marx (1865) al reconocer que con la acumulación de capital viene el fortalecimiento de la posición negociadora de los trabajadores sobre su salario, aunque no de forma permanente.

En El Pequeño Libro Rojo, Mao Tse Tung (1966) reconoce en el ahorro un elemento clave para la expansión de la producción. Hoy existen pocas dudas de que el ahorro y las extraordinarias altas tasas de inversión han permitido el acelerado crecimiento económico de China (Knight y Ding, 2009). La asignación de recursos para la ampliación de la capacidad productiva es un elemento común de toda economía que se acelera.  Sin embargo, diversas experiencias a nivel internacional han mostrado que para que ocurra dicha dinámica expansiva de inversión y crecimiento económico de largo plazo, se requiere acumulación de capital en el sector de la industria manufacturera que permita trepar la escalera tecnológica (Chang, 2003; Chang, 2007; Chang, 2010), como es el caso de los países asiáticos, incluida China (Lin Y Chang, 2009).

 

El modelo mixto chino

El país aprovechó los siguientes dos elementos. Por un lado, las ventajas del mercado para la creación de bienes con valor de cambio (precio y ganancia), en donde existe competencia entre empresas privadas y hay enriquecimiento individual. Por otro lado, aprovechó la planificación y producción de empresas públicas en donde el Estado mantiene el monopolio en la producción de bienes con valor de uso, buscando suplir necesidades de la población sin enriquecimiento individual. En este sentido, China ha usado ambas manos, como escribiera John Ross; la mano visible del Estado y la mano invisible del mercado.

China aprendió de los errores del campo socialista, realizando reformas de mercado antes que los soviéticos y en medio de la popularidad de la que gozaba el socialismo, lo que les permitió mantener la estabilidad política y su independencia nacional bajo las directrices del partido comunista (ibid).

Pareciera que el modelo chino es el desarrollo lógico de las indicaciones que en su momento hiciera Mao Tse Tung, quien, en su crítica a Stalin señalaba que dentro del socialismo la propiedad privada se mantenía a pesar de la planificación de la economía, y de tal forma, mientras los bienes de capital se encuentren bajo el comando de la burocracia, los bienes de consumo deben estar bajo la lógica del mercado. El partido comunista chino, tomó lo grande, el hierro, y delegó lo mediano y lo pequeño a los capitalistas que buscan la ganancia regidos por la ley del valor, habida cuenta del reconocimiento de la dificultad dentro de la planificación en virtud de la dimensión de lo que se planifica, en donde la burocracia puede definir el valor de uso de la industria pesada e infraestructura, pero encuentra dificultades en la planificación de los múltiples bienes de consumo al no definir su valor de uso, como lo expresa Saikat Bhattancharyya.

También, en la visión de Mao, dicha producción mercantil en un contexto socialista es producción mercantil que le sirve al proyecto socialista. Así pues, lo que han hecho los chinos es utilizar la producción de mercancías, pero manteniendo la planificación y el papel medular de la producción de bienes de uso por parte del Estado; como lo dijera Mao (2004) nueve años después de la revolución de 1949:

la ley del valor no tiene una función reguladora. La planeación y la política a cargo juegan ese rol… es decir, (la ley del valor) no tiene función determinante. La planificación determina la producción, por ejemplo, para cerdos o acero, no usamos la ley del valor; confiamos en la planeación (p.9)

Entonces, las reformas de mercado de 1978, que le dieron cabida a la inversión extranjera directa, sería la continuación de una directriz ya trazada, pero esta vez, apoyada en la producción mercantil extranjera a través del intercambio comercial internacional.

Las reformas de mercado, a pesar de darse en un país controlado por el partido comunista, significaron un buen negocio para los capitales extranjeros, que veían en China un mercado de productores y consumidores del cual beneficiarse. Así, los chinos tomaron ventaja de la inversión extranjera directa, condicionándola para que las multinacionales transfirieran conocimiento y tecnología con el propósito de aprender y modernizar la economía, como se explica en el post Deng Xiaoping y la herramienta capitalista en la maquinaria económica china.

La acumulación de capital y capacidad productiva viene liderada por criterios de producción movida por la rentabilidad, no por asignación decretada desde arriba sin criterio económico por parte del buró político. Los datos mostrados por Knight y Ding (2009), evidencian que la inversión medida como porcentaje del PIB, la mayor parte entre 1995 y 2005, fue efectuada por las empresas (alrededor del 29%), seguida por los hogares (entorno al 5%) y el gobierno (que aumentó del 2.8% al 4.1%). Desde otro ángulo, si se descompone la inversión por sector, las empresas explican tres cuartos del total invertido. Por otro lado, las empresas privadas entre 1994 y 2003 no obtuvieron participación en el presupuesto del Estado, mientras que las empresas estatales y de propiedad colectiva fueron financiadas en un 11% y un 5-5% por el Estado, respectivamente.

Lin (1998, 2004) argumenta que la estrategia de China radicó en la explotación de sus ventajas comparativas identificadas por el mercado, pero apoyadas por el Estado. Se montaron industrias intensivas en mano de obra, un factor productivo del que tiene abundancia y bajo precio relativo, que le permitió competir en los mercados internacionales y generar excedentes para la inversión. Luego, con la acumulación de capital el país se volvió competitivo en industrias intensivas en dicho factor productivo y de mayor sofisticación tecnológica.

 

Manufactura como palanca del desarrollo

El país hace parte del patrón histórico que evidencia que los países que se industrializan lo hacen gracias a la intervención del Estado (Chang, 2003, 2007). Como lo argumentan Murphy, Shleifer, Vishny (1989), teóricamente se entiende que el Estado puede servir de coordinador de las actividades industriales y encausar la economía hacia un equilibrio de industrialización con alta productividad (rendimientos crecientes a escala).

China ha mostrado un alto nivel de industrialización medido por la participación del 32% del valor agregado de la manufactura en el Producto Interno Bruto entre 2004 y 2011. Si bien es cierto que la manufactura pierde paulatinamente peso en la producción total, ésta todavía sigue estando muy por encima de países como Japón, Singapur, suiza y Alemania, cuatro de los países más industrializados del mundo.

Por lo menos hasta finales de los 90s, China priorizó sus objetivos de producción y empleo sobre los objetivos de rentabilidad, conservando sus empresas estatales y manteniendo su política de flexibilidad presupuestal para mantener los altos niveles de inversión. Después vendrían las reformas en su sector público, con privatizaciones como forma de incrementar su rentabilidad (Knight and Ding, 2009). Sin embargo, nunca abandonaron su política industrial, como lo afirmó en 2018 White House Office of Trade and Manufacturing Policy de los Estados Unidos, al catalogar dicha intervención estatal como una amenaza que distorsiona los precios internacionales.

 

Conclusión

En suma, la estrategia china consistió en mantener la inversión y la producción respaldada por el Estado, permitiendo que los trabajadores aprendieran en el oficio a través de la producción acumulada en el sector manufacturero, que se caracteriza por presentar altas productividades, y dando salida a sus productos por medio del mercado externo (Knight y Ding, 2009), pero mejorando la rentabilidad y creando excedentes a través del sector privado (Lin Y Chang, 2009). Es así como China habría logrado el cambio estructural que se refleja en su actualización tecnológica, haciendo concesiones económicas mas no políticas, como una vez lo hicieran los bolcheviques (Bukharin, 1921); restaurando el capitalismo, pero preservando el partido comunista el mando central de la economía, en lugar de un grupo de magnates (ver aquí y aquí sobre la gente adinerada en China y el magnate Jack Ma).

 

Referencias

Bukharin, Nikolai. The new policies of soviet Russia, Chicago: C.H. Kerr & Co., 1921, pp. 43-64.

Chang, Ha-Joon (2003). Kicking Away the Ladder: The “Real” History of Free Trade

Chang, Ha-Joon (2007). Bad Samaritans: the myth of free trade and the secret history of capitalism. Bloomsbury Press.

Chang, Ha-Joon (2010). 23 things they don’t tell you about capitalism. ALLEN LANE an imprint of PENGUIN BOOKS

Knight, John. y Ding, Sai (2009). Why does China invest so much? University of Oxford.

Lin, Justin (2004). Lessons of China’s Transition from a Planned Economy to a Market Economy. Peking University and Hong Kong University of Science and Technology

Lin, Justin. Fang, Cai. y Li, Zhou (1998). The China miracle: development strategy and economic reform.

Lin, Justin. y Chang,  Ha-Joon. Should Industrial Policy in Developing Countries Conform to Comparative Advantage or Defy it ? A Debate Between Justin Lin and Ha-Joon Chang. Development Policy Review, 2009, 27 (5): 483-502

Mao Tse Tung (1966). Quotations from Chairman Mao Tse Tung. The little red book. Foreign Language Press: Pekin.

Mao Tse Tung (2004). Critique of Stalin’s Economic Problems of Socialism in USSR.

Marx (1865). Salario, precio y ganancia. Editorial Progreso Moscú.

White House Office of Trade and Manufacturing Policy. (2018). How China’s Economic Aggression Threatens the Technologies and Intellectual Property of the United States and the World. Recuperado de https://www.whitehouse.gov/wp-content/uploads/2018/06/FINAL-China-Technology-Report-6.18.18-PDF.pdf

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