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El trabajo es la pieza medular

Ilustración realizada por el autor del artículo

La pandemia nos mostró que todo el dinero, los bienes de capital como la maquinaria y el equipo, son inútiles si no se tiene la mano de obra para operarlos y crear valor. Se ha evidenciado entonces que el capital, producto del ahorro, no es la esencia de la producción, sino que es el trabajo.

La necesidad del capital por trabajadores que lo operen, hace recordar las ideas de los economistas clásicos, David Ricardo, Adam Smith y Carlos Marx, quienes sostenían que el valor de las mercancías proviene del tiempo de trabajo necesario promedio para producirlas. De dicha premisa, Marx (1865) deduce que los propietarios de los medios de producción (capital) explotan el trabajo mediante el pago parcial del valor que este último crea, lo que él llamó plusvalía. Esta parte del valor no pagada, la destina el capitalista a reponer los materiales, al mantenimiento de los bienes de capital o maquinaria, y el restante se lo apropia. Tal excedente o plusvalía se expresa en dinero y se reinvierte en el proceso productivo para adquirir bienes de capital y contratar trabajadores para re-producir el proceso.

 

El trabajo es más que un simple factor productivo

La economía ortodoxa explica la producción como el resultado de combinar los factores productivos, trabajo y capital, de tal manera, iguala el trabajo humano con el capital, al punto que lo muestra como un factor productivo más. No obstante, contrario a ser igual a cualquier factor, el trabajo humano explica la acumulación de capital, como lo escribiera Marx (1849) en Trabajo Asalariado y Capital:

El capital está formado por materias primas, instrumentos de trabajo y medios de vida de todo género que se emplean para producir nuevas materias primas, nuevos instrumentos de trabajo y nuevos medios de vida. Todas estas partes integrantes del capital son hijas del trabajo, productos del trabajo, trabajo acumulado. El trabajo acumulado que sirve de medio de nueva producción es el capital (p.24)

Además, la capacidad de aprender y volverse más productivo diferencia al ser humano de la máquina. Aunque estas últimas pueden incrementar su productividad o eficiencia al volverse más sofisticadas, tal aumento en eficiencia viene dada de forma exógena al bien de capital, es decir, es creación del ser humano que toma lugar de forma incremental en el proceso de producción, conforme el conocimiento se acumula. Schultz (1961) señala que el  conocimiento de los trabajadores (capital humano), generado por la inversión en educación, es lo que explicaría los incrementos de productividad, y por ende, el crecimiento y desarrollo económico de los países.

 

La maquina no puede ser explotada

Por otra parte, cuando un capitalista adquiere en el mercado maquinaria y contrata trabajadores, solo puede explotar al trabajador o sacar ganancia de él, no de la máquina, pues esta no puede producir mercancías por sí misma y su valor tiende a caer con el tiempo, ya sea por obsolescencia debido al cambio tecnológico o por el deterioro natural de la materia. La única forma de recuperar el dinero invertido en la máquina y generar dinero adicional, es a través de la contratación y explotación del trabajo asalariado (trabajo vivo).

Segun Marx (1865), la acumulación progresiva de “medios de producción de todo género, crece con mayor rapidez que la parte destinada a salarios, o sea, a comprar trabajo”, de tal forma, “al desarrollarse la industria, la demanda de trabajo no avanza con el mismo ritmo que la acumulación de capital. Aumenta, sin duda, pero aumenta en una proporción decreciente, comparándola con el crecimiento del capital” (p.60). Es decir, se necesitará cada vez mayores inversiones en capital para poder emplear la misma cantidad de trabajadores, por ende, la rentabilidad de los negocios tiende a caer, y el riesgo de no recuperar lo invertido, tiende a aumentar.

Piénsese en una gran fábrica que necesite una alta inversión inicial en planta, maquinaria y equipo, su productividad por trabajador sería muy grande, la generación de valor por unidad muy pequeño y los mercados tendrían que ser lo suficientemente grandes para absorber todas esas mercancías de pequeño valor unitario. El riesgo de perder toda la inversión en capital físico aumenta. Este riesgo es lo que impulsaría la especulación en bolsa (ver aquí de Alex Grant, quien habla al respecto), desviando recursos de la economía real.

En un pequeño articulo (ver aquí), Jose Roberto Acosta habla de esta falta de rentabilidad de los negocios. Al invertir en maquinaria, se debe recuperar ese dinero por medio de su uso productivo, sin embargo, la fuerte competencia probablemente acelere la obsolescencia de la maquinaria o tecnología (software o aplicación) antes de que se recupere el dinero invertido en ella, por tanto, la inversión en capital físico, no asegura un retorno adecuado debido a que la producción intensiva en maquinaria se vuelve menos rentable y más riesgosa, por lo tanto, los negocios como Rappi o Uber, son atractivos para el capital, en virtud de que estos negocios son intensivos en mano de obra dispuesta a vender su tiempo y hacer la inversión en la “máquina de transporte”.

 

La sociedad robotizada

En  artículo de Forbes (ver aquí), Tim Worstall imagina una sociedad totalmente robotizada y argumenta que la lucha competitiva entre capitalistas por vender los bienes y servicios de sus ejércitos de robots deprimiría los precios, a tal punto, que todos los individuos de la sociedad serían infinitamente ricos. De esta forma desaparecería el valor. En ese punto de la capacidad productiva, argumenta Worstall, todas las necesidades y deseos podrían ser satisfechos, estaríamos viviendo lo que Marx llamó el verdadero comunismo, donde las personas podrían hacer tanto como lo que desean: “ser un granjero en la mañana, y un filósofo en la tarde. Como también podría ser, hacer un poco de jardinería y luego charlar con los amigos tomándose unas cervezas”.

Se entiende entonces de lo anterior, que en una sociedad 100% robotizada, ningún ser humano sería necesario para producir y ser pagado por ello. Por tanto, el costo de producción de mercancías caería a cero, toda vez que los bienes de capital (máquinas) se fabricarían así mismos y producirían los bienes de consumo para los seres humanos. De este modo, si no hay puestos de trabajo, no hay costo, y, por ende, no hay valor de cambio o precio.

En suma, es el trabajo el componente medular de la economía y no el capital.  Ya lo dijo el magnate estadounidense Jeff Bezos al volver del espacio en su nave: «también quiero agradecer a cada empleado y consumidor de Amazon porque ustedes pagaron por todo esto» (ver aquí).

 

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Medardo Alfonso Palomino Arias

Por Medardo Alfonso Palomino Arias

Economista y Magister en Gestión Pública graduado en la Universidad Santiago de Cali, Colombia. He sido Profesor desde el año 2014 en distintas universidades de Cali. En la actualidad me encuentro adelantando estudios y viajando en Australia. El proposito de mi blog es difundir conocimiento sobre economía y brindar un espacio para el debate.

Una respuesta a «El trabajo es la pieza medular»

Me encanta eso de que «la capacidad de aprender y ser más productivo diferencia al ser humano de la máquina».
Los avances tecnológicos en la invención y producción de maquinaria es evidente que permiten más producción, pero también contribuyen al desempleo

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