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Economía cubana, caminos hacia el crecimiento

Ilustración realizada por el autor del articulo

Hay una idea muy esencial, y es no olvidar nunca dónde estamos situados, que no es en el Mar Negro, sino en el Mar Caribe, no a 90 millas de Odesa, sino a 90 millas de Miami, con frontera en nuestra propia tierra, en una parte ocupada de nuestro territorio, con el imperialismo.  Fidel Castro. (Granma, 2021)

 

Este post analiza el futuro de la economía cubana, enfocándose en los factores que dependen de la dirección del Partido Comunista de Cuba, haciendo abstracción de factores externos como el bloqueo/embargo impuesto por los Estados Unidos y la inestabilidad de la economía internacional.

Cuba hace parte de los ya pocos países del campo socialista, caracterizados por la planificación central de sus economías, cuya “columna vertebral” es la propiedad estatal sobre los medios de producción (Comité Central del Partido Comunista de Cuba, 2021).

Prácticamente toda la economía de la isla es gestionada por planificadores del Estado, en lugar de ser gestionada por la iniciativa privada bajo la lógica de la ganancia, guiada por los precios de mercado para producir bienes y servicios que los consumidores e inversionistas quieren demandar. La falta de empresas sujetas a la competencia del mercado provoca insuficiencia de incentivos para incrementar el esfuerzo del trabajo, además de la falta de disciplina que impone en los trabajadores la baja posibilidad de ser desempleados (Stiglitz, 2014), toda vez que los países socialistas tradicionalmente han implementado políticas de empleo para minimizar la tasa de desocupación.

 

Las Fuentes del Crecimiento Económico

El Comité Central del Partido Comunista de Cuba (2021) ha reconocido la necesidad de “actualización del Modelo” (p.5), y ha implementado medidas tendientes a permitir el aumento de la actividad privada en la isla, aunque sin sacrificar los principios de equidad social sostenidos por la revolución.

Teóricamente Cuba puede aumentar su tasa de crecimiento a través del aumento de la inversión, incorporando más trabajo y más capital, lo cual traería un crecimiento económico predominantemente extensivo, con ganancias de productividad derivadas de la incorporación de maquinaria y equipos modernos, como ha sido el caso de varias experiencias internacionales donde la acumulación de capital explicó gran parte del crecimiento económico (De Long y Summers, 1992; Ross, 2016). Esto podría hacerse bajo la planificación central, sin grandes cambios en el modelo y con un enfoque top-down, asignando por decreto recursos con el propósito de movilizar trabajo y capital físico hacia la producción manufacturera. Sin embargo, las ganancias en productividad serían mínimas y las tasas de crecimiento estarían limitadas por la productividad marginal del capital, esto llevaría a la economía hacia un estado estacionario una vez se haya acumulado el suficiente capital por trabajador. En este sentido, la economía encontraría el problema de sobrecapacidad que encontró la URSS al haber acumulado capital físico en exceso (Allen, 2001; Mazat y Serrano, 2012).

El crecimiento económico no se trata sólo de efectuar ingentes inversiones en maquinaria y equipo, sino de emplear eficientemente dicho capital en manos de los trabajadores en el campo y en las fábricas (De Long y Summers, 1992). Adicionalmente, contrario a la URSS, Cuba no cuenta con los enormes recursos naturales con los que contó la URSS en virtud de su extenso tamaño, que le permitía desarrollar sus fuerzas productivas con recursos propios en autarquía (Allen, 2003). Cuba, como país pequeño, necesita del comercio internacional y, por ende, de ganancias en productividad y competitividad.

La otra vía hacia el crecimiento económico, radicaría en la implementación de reformas de mercado, con un enfoque bottom-up, que permitan la gestión más eficiente de los factores capital y trabajo, como es el caso de China. Según Brandt y Rawski (2008) la tasa de crecimiento económico de dicho país, en el periodo 1978-2004, fue explicada en gran medida por el crecimiento de la productividad, en virtud de las reformas de mercado realizadas por el Partido Comunista de China que permitió el surgimiento de un sector no estatal bajo la lógica de la competencia del mercado. Lin (2004) coincide con esta apreciación remitiéndose al periodo 1978-1984. En este sentido, la inversión se cristalizaba en mayor cantidad de equipos operados de manera más eficiente por el sector privado, no obstante, habiendo tomado lugar reformas en el sector público. Lin (1998), afirma que la explotación de las ventajas comparativas con las que contaba China jugó un papel medular en el crecimiento y desarrollo económico del país. Una estrategia que bien podría emplear Cuba aprovechando la abundancia relativa de mano de obra y su nivel educativo (Human Development Report) para impulsar industrias estratégicas, valiéndose de la demanda infinita que brinda el mercado externo para generar divisas con las cuales poder importar y aumentar las tasas de inversión en sectores de ventaja comparativa y con demanda internacional suficiente para acelerar el crecimiento económico.

Considerando la baja participación de la inversión en la producción total del país a lo largo de los últimos años (Banco Mundial, 2021), la isla no cuenta con una economía enfocada en la producción de bienes de capital y material de guerra, como el caso de la URSS, sino en el consumo, por tanto, no tiene que efectuar una costosa reconversión de su aparato productivo hacia la producción de bienes de consumo. Pero, por otro lado, al no haber enfocado su economía hacia la inversión, no cuenta con el suficiente margen para aumentar sustancialmente el consumo a través de la reducción de la participación de la inversión en la producción total anual.

 

Experiencia rusa vs experiencia china

La dirección política de la isla debe tener en cuenta las experiencias de los países del campo socialista que transitaron por reformas de mercado, evitando grandes costos sociales.

El caso de Rusia enseña cómo la implementación de un paquete de reformas, promovidas por el Banco Mundial, el Fondo Monetario Internacional y los Estados Unidos, de manera rápida y sin tener en cuenta las especificidades de la economía del país, traen consecuencias sociales dolorosas. Stiglitz (2002) señala que, a partir del colapso de la Unión Soviética y la pérdida del poder del partido comunista, la economía fue sujeta a una terapia de choque que consistió en la liberalización de precios y en la estabilización macroeconómica. Se liberalizaron los precios que una vez fueron controlados por el Estado con el fin de que reflejaran el valor de mercado de los bienes y servicios, esto produjo una escalada brutal de precios que devoró todo el ahorro de los rusos. Luego vino la estabilización. Para controlar los precios se contrajo la política monetaria a través de la subida de las tasas de interés, esto condujo a los rusos a una situación en donde la gran mayoría no tuvo la oportunidad de comprar las empresas públicas que se privatizaban; no tenían ahorros y las tasas de interés eran altas. Además, faltaron instituciones financieras de mercado que permitieran a las empresas capitalizarse para emprender la producción. En suma, la brutal caída del producto en este periodo fue mayor a la presentada durante la segunda guerra mundial, como lo señala Stiglitz (2002).

De acuerdo con Ross (1992) los monopolios cambiaron de propiedad, del Estado hacia el sector privado, iniciándose un proceso de acumulación de capital privado a través de aumentos de precios con caída de la producción. Luego, vinieron las políticas de ajuste para controlar la alta inflación.

Ross (2016), habla del inicio de un proceso de privatizaciones de las empresas públicas, orientado por teorías equivocadas del crecimiento económico que sobreestimaron las virtudes de la actividad privada en el crecimiento de la productividad y de la economía en su conjunto, y subestimaron el impacto de la inversión en capital físico e insumos intermedios. 

El caso de China contrasta con el de Rusia, ahí las reformas tomaron lugar de manera gradual y controlada. La autonomía de los cambios se conservó bajo la dirección del Partido Comunista de China en 1978, cuando la idea del socialismo mantenía el suficiente capital político, contrario al caso ruso, que tomó lugar una década después (Ross, 1992). En China, la economía aceleró su crecimiento económico, un tema en el que se profundiza en El modelo chino y la manufactura de su desarrollo.

Por otro lado, China impidió los grandes costos sociales que experimentó Rusia. El país asiático inició sus reformas desde una economía estable que le brindó margen para hacer cambios a su modelo (Ross,1992). La situación contrastaría con la de Cuba,  toda vez que, debido a la pandemia, el turismo ha sido fuertemente golpeado, anulando su fuente principal de divisas y agravando la situación económica de la isla.  

En Cuba una agresiva política de ajuste, privatización y liberalización de precios, provocaría presiones inflacionarias una vez los precios artificiales fijados por el Estado sean reemplazados por precios de mercado que reflejen la verdadera escasez de bienes y servicios. El ajuste fiscal, implicaría que el Estado mejore sus finanzas, ya sea reduciendo gastos o aumentando impuestos, o ambas, lo que contraería la economía ya golpeada por la pandemia al reducir la demanda agregada. Medidas de este tipo socavarían la capacidad de consumo de la población, de manera que las empresas privatizadas no cumplirían su objetivo de rentabilizar la producción y cerrarían sus operaciones, agravando la situación social a través de caídas en la producción y el desempleo. Sin embargo, el Partido comunista no parece plantear cambios en esa dirección y propone mantener la “propiedad socialista de todo el pueblo sobre los medios fundamentales de producción” (Comité Central del Partido Comunista de Cuba, 2021, p.21).

Cuba se enfrenta al reto de actualizar su modelo en medio del conflicto externo con los Estados Unidos y las restricciones impuestas que afectan el flujo de divisas en Cuba y su capacidad de intercambio con sus socios comerciales. Además de las periódicas crisis económicas globales (hoy causadas por el COVID-19). Sin dejar de lado que el país debe hacer frente a los efectos meteorológicos periódicos, brotes epidémicos y al atraso de su estructura productiva.

 

Referencias

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Medardo Alfonso Palomino Arias

Por Medardo Alfonso Palomino Arias

Economista y Magister en Gestión Pública graduado en la Universidad Santiago de Cali, Colombia. He sido Profesor desde el año 2014 en distintas universidades de Cali. En la actualidad me encuentro adelantando estudios y viajando en Australia. El proposito de mi blog es difundir conocimiento sobre economía y brindar un espacio para el debate.

2 respuestas a «Economía cubana, caminos hacia el crecimiento»

Claro se ignora el brutal bloqueo económico, financiero y comercial que tiene Cuba desde 1962. Ningún país en el planeta tierra podría crecer económicamente y desarrollase económicamente.

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